lunes, 15 de agosto de 2011

Capítulo II: Insisto, están todos locos…

Mahasiah abrió la boca para comenzar a explicar cuando una horda, perdón, cinco elfas entraron como un huracán a la tienda. Una de ellas, que parecía ser la cabecilla los sacó a ambos, Mahasiah y Yélahiah, de la tienda a empujones y farfullando muy rápido daba órdenes de salir de la tienda y cambiar de ropas a alguien, complicando y confundiendo a todos.
-        ¿te tengo que cambiar la ropa yo a ti? – preguntó aun medio aturdido Yélahiah - ¿o no te gusta lo que llevo? – Mahasiah, aun choqueado por la escandalosa entrada de las elfas logró recordar porque debían cambiarse de ropa – no  me quiero cambiar de ropa… me gusta la ropa que llevo…-
-        Ya, ya, vamos de ahí te explico. – ambos amigos comenzaron a alejarse de la tienda cuando de la nada Yélahiah se detiene y mira fijamente al otro muchacho.
-        ¡Mahasiah! ¡Tantos años! ¿Cómo te ha ido? No has cambiado para nada, sigues igual de feo – Dijo rápidamente Yélahiah
-        Muchos años, tú tampoco has cambiado, sigues igual de infantil – Mahasiah rió ante el poco poder de concentración de su amigo.
-        Si, ¿es genial, no? –
Mahasiah sonrío, tenían mucho de qué hablar. Caminaron hacia el lago, allí podrían descansar un rato y ponerse al tanto antes de la ceremonia. Ambos caminaron  hablando de cómo habían sido sus vidas junto a sus protegidas, más bien, Yélahiah hablaba y Mahasiah lo escuchaba asintiendo de vez en cuando. Llegaron a la ribera del río y se sentaron en el suelo, Yélahiah tomó una piedra y la tiró. El moreno observó a su amigo lanzar la piedra, no había cambiado en nada, aún seguía con ese aire infantil que lo caracterizaba, aún se reía por todo.
-        He hablado mucho sobre Ariadna, pero tú no has dicho ni una palabra sobre Isis, dime ¿se parece a Helena? – preguntó Yélahiah tomando por sorpresa a Mahasiah –
-        Son dos gotas de agua, es igual de alegre, siempre viendo el lado bueno de las personas, muy inteligente pero muy inquieta. Eso te lo puedo asegurar, problemática, como nadie, pero buena persona y muy sociable, inclusive en lo físico, tiene los mismos ojos –
-        Wow... Ariadna también es igual a Amelia, es seria, irónica y puede llegar a ser malvada, los ojos son idénticos ¡pero idénticos! Cuando piensa en alguna maldad sus ojos cambian de pardos a verdes esmeralda. – tomó aire - Ambas son demasiado distintas, ¿tú crees que encajen?
-        Sus abuelas lo hicieron, ¿por qué ellas no? – respondió con simpleza Mahasiah, quien era como una versión masculina de Isis, pero más alto, lo cual es mucho decir ya que la chica no era de las de estatura promedio. –
-        Sí. es verdad, pero ¿después de cuantas peleas se hicieron amigas?-
-        No te preocupes, lo harán. -  
Yélahiah lo miró no muy seguro de lo que decía mientras se acomodaba el cabello  trigueño, pero no podían hacer nada, ya estaban allí. Se encogió de hombros y se levantó de un salto, su contextura era delgada, como Ariadna. Mahasiah lo imitó y ambos se acercaron al camino para hablar con los elfos y enterarse en qué iba la ceremonia.

Mientras tanto en la carpa…
-        ¿Es necesario que me trences el pelo? ¡Lo quiero suelto! – Alegó Isis mientras una de las elfas trataba de peinárselo –
-        Pero, majestad ¡Quédese quieta, por favor! –
-        ¡Ya sé! – Exclamó levantando los brazos - ¿Y si me haces trencitas solo en los mechones cortos? Aquí adelante. Se vería súper lindo –
-        ¡Sí! ¡Me encanta la idea! – Dijo Fadinhe, la cabecilla del grupo de elfas –
Ariadna, que a diferencia de Isis, no estaba para nada cómoda con que personas que no conocía la trataran de vestir e invadieran su espacio personal.
-        ¡¿Quieren dejar de tocarme?! ¡Me sé vestir sola desde que tengo 3 años! – Gritó mientras enarbolaba un cepillo como arma, tratando de alejar a las elfas, quienes la miraban asustada y de no ser porque Fadinhe estaba en la puerta de la tienda, habrían salido corriendo. Fadinhe se acercó a la hechicera de ojos verdes ¿tenía los ojos verdes cuando ella entró a la carpa?
-        Majestad – comenzó manteniendo cierta distancia, mientras Ariadna aún empuñaba su cepillo y se hacía de una peineta en la otra mano – Son ropajes complejos de poner, no creo que usted pueda ponérselas sola – Sonrió con cuidado – Déjennos ayudarla, majestad – Ariadna la miró seria y bajó el cepillo, pero no lo soltó, si era necesario lo podía ocupar para tirárselo a alguien en la cabeza – Ustedes dos – llamó a las dos elfas que aún estaban cerca de la salida – Ayúdenla, pero no invadan su espacio personal –Sonrió satisfecha mientras Ariadna comenzaba a cooperar.
-        Sin ánimo de ofender, ¿ustedes qué son? – Preguntó la muchacha. Fadinhe sonrió más tranquila.
-        Yo soy Fadinhe y somos todas elfas – Contestó – Y fuimos encomendadas para prepararlas para la ceremonia –
-        ¡¿Qué ceremonia?! ¡¿Sacrificio humano?! – Gritó Isis desde el otro lado - ¡Yo no quiero sacrificios! ¡Sacrifiquen a Mahasiah, él tiene que protegerme, él me trajo aquí! –
-        No, majestad, no es una ceremonia de sacrificio, es de… ¿De qué era? – Preguntó Fadinhe mirando a las otras elfas –
-        De bienvenida – Contestó una de las elfas que atendía a Ariadna – Majestad ¿puedo tocar su cabello para peinarlo? – Ariadna lo pensó y luego se encogió de hombros –
-        Ahora haga “aaaa” – Dijo una de las elfas a Isis –
-        ¿Pero qué color es ése? No me va bien el café – Respondió la niña mirando con curiosidad – Necesito un espejo y un color que vaya con mi color de piel y el de mis ojos –
Ariadna la miró con ganas de tirarle el cepillo en la cabeza mientras Fadinhe seguía hablando y hablando.
-        Entonces ¿Por qué estamos acá? ¿Qué se supone que haremos? – Preguntó Ariadna –
-        ¿No les explicaron? – Fadinhe miró confundida a las demás elfas como si ellas tuvieran la respuesta. – No estoy segura, eso deben preguntárselo a Fadil –
-        ¿Y qué es Fadil? – Preguntó Isis –
Se escuchó un suspiro general y las elfas comenzaron a hablar todas al mismo tiempo “¡Ay si es tan lindo!”, “¡Noo! ¡Y el otro día me habló!”, “¡Ay y su pelo! Y es tan guapo”, “Tienen que conocerlo, majestades”.
-        ¡Y siempre le da al blanco! –
-        Y sabe usar tan pero tan bien su espada -
Ariadna al escuchar lo último prestó por primera vez atención a la conversación ¿con “espada” se referían a lo que ella creía que era? Miró a las elfas, tratando de entender a qué se referían, luego miró a Isis y notó que ella estaba igual de confundida. “Está intentando hacer chocar sus dos neuronas, seguro” pensó Ariadna.
-        ¿Es mi idea o eso sonó mal? – preguntó la muchacha –
-        Sonó mal – Respondió Isis – No pensé que ellas dirían algo así. ¿Pero están hablando de lo que yo creo que están hablando?
-        Espero que no -
-        Y es tan inteligente… -
Fue en ese momento en que se escuchó el grito de Fadinhe.
-        ¡QUÉ BUENO NI QUE NADA! ¡PASA TODO EL DÍA JUGANDO CON ESA BENDITA FLECHA Y ESE BENDITO ARCO! –
-        Ah… - Dijeron al unísono Ariadna e Isis, entendiendo por fin a qué se referían –
-        ¡Todos están tan orgulloso del GRAN GUERRERO! – Continuó acaloradamente, poniendo énfasis en “gran guerrero” - ¡PERO NUNCA HACE NADA! ¡ES UN INÚTIL! ¡Claro, como el lindo anda matando gente con su espada, todos lo adoran! ¡¿QUÉ TÉCNICA NI QUÉ NADA?! ¡YO CON UN CEPILLO LE GANO! Y una, aquí, descuerándose, ahí de rodillas buscando plantitas, agarrando ortigas – Tomó aire, espero unos segundos y continuó - POR QUE CUANDO LLEGA EL LINDO DE LAS BATALLAS, HECHO UNA MASA ÉLFICA ¿QUIÉN LO TIENE QUE CURAR? ¡LA HERMANA! Claro, no se puede ni cocinar solo, pero para estar vanagloriándose de sus batallas no le cuesta nada… ¡¿QUIÉN TIENE QUE REMENDARLE LA ROPA?!  ¡LA HERMANA! ¡Y CUANDO EL CHISTOSO LLEGA DE ESAS FIESTAS SUYAS, PASADO A VINO Y NO QUIERE QUE LOS PAPÁS SE ENTEREN! ¡¿QUIÉN ES LA QUE TIENE QUE SOBARLE LA ESPALDITA EN EL PEOR MOMENTO?! ¡LA HERMANA! Ya va a ver, un día me voy a ir y no me importa lo que me digan mis papás, él tiene que aprender a cuidarse solo… ¡SI YO SOY LA HERMANA MENOR, NADA MÁS! No soy su esposa… ¡A VER SI SE CASA Y ME DEJA TRANQUILA! Fadil… Idiota, inútil… - Fadinhe respiró y se apoyó en la estructura de la hamaca más cercana y luego de unos segundos recordó que no estaba sola. Miró espantada a las hechiceras -  ¡Mis más sinceras disculpas, majestades! No fue mi intención explotar así, pero es que ese hermano mío… -
-        Sí, sí, te entiendo… - Dijo Isis sin darle mucha importancia–
-        Hermanos… - Dijeron las tres –
-        Todos son inútiles – Agregó Ariadna –
-        Bueno ¡de todas formas tenemos que dejarlas bonitas para la ceremonia! –

Mahasiah y Yélahiah volvieron al campamento para encontrarse con las niñas. Las elfas iban saliendo de la tienda.
Fadinhe pasó por al lado de ambos y les sonrió.
-        Todas suyas, muchachos – Dijo guiñándoles un ojo coquetamente a ambos y salió.
El par vio alejarse a la elfa y luego entraron.
-        Creo que ya se conocen... Ariadna, ella es Isis – Dijo Yélahiah sin dejar de abrazarla–
-        ¿Cómo me conoces? ¿Quiénes son estas personas, Mahasiah? Y ¿Dónde estamos? ¡Es verdad! Me debes una explicación – Isis miró a Mahasiah esperando su respuesta- ¿Y? ¡Uuuhhh! Ya no eres transparente y eres…tocable – dijo mientras comenzaba a pincharlo en el brazo con su dedo índice, otra vez.
-        Bien, déjame - tosió – ¡Que me dejes!  - repitió mientras la niña le estiraba las mejillas y le tiraba el pelo convenciéndose de que era real.
-        ¡Sabía que no eras producto de mi imaginación! ¡sabía que eras real! – gritó mientras se levantaba de la hamaca, en la que al final pudo sentarse. Mahasiah la miró feo, luego le dirigió una pequeña sonrisa y la abrazó. 
-        Tonta – se separaron y volvió a sentarse en la hamaca – ahora deja que te lo explique. Estamos en mi mundo, nuestro mundo – agregó apuntando a Yélahiah que aún no soltaba a Ariadna – es una larga historia –
-        Tengo mucho tiempo – interrumpió Ariadna intentando separarse de la lapa que era el trigueño – Quiero saber por qué estoy aquí y no en mi casa como se supone que debería ser, y además ¿Quiénes son ustedes? – preguntó apuntando a Isis y Mahasiah – Y quiero una razón lógica ahora ya, ¡Ya suéltame! –
-        Será mejor que salgamos y cuidado con los vestidos, no se vayan a caer -
Mahasiah y Yélahiah salieron dejándolas con la palabra en la boca, Isis agarró la falda del vestido, una túnica dorada, encima una bata blanca y un cinturón delgado, para poder caminar bien. Ariadna se acomodó el vestido, que a diferencia del de Isis, era morado y blanco. Se levantó y salió de la tienda dignamente.

Observó detenidamente todo el lugar, estaban cerca de un bosque. Vio a lo lejos las montañas, oyó el sonido del río que estaba cerca. El viento movía su largo cabello. Aquel sitio era una quimera, como sacado de un cuento de hadas, pero estaba allí, lo podía ver, oler, sentir. “Qué maravilla” pensó. Alguien pasó corriendo por su lado, vio que era aquella extraña chica de la tienda. La observó por primera vez y le llamó la atención su cabello, el cual lo llevaba desordenado con mechas extremadamente cortas y otras demasiado largas, un corte muy irregular según Ariadna.
Isis salió corriendo de la tienda, pasó por el lado de Ariadna, corrió hasta un árbol y se escondió detrás. Quería salir de ese lugar. Sí, era lindo, lo aceptaba, pero no era su hogar. Sus padres y sus hermanos estarían muy preocupados, ni siquiera había dejado una nota. “Cuando me escapo en la noche al menos aviso donde voy” pensó jugando con la manga de su vestido. A Mahasiah lo había dejado en la tienda, quería que le respondieran algunas dudas y él no lo iba a hacer en ese momento. De repente oyó el galope de unos caballos, suspiró, lo que faltaba, animales salvajes. Tomó un mechón de su cabello, desarmó una trenza y la volvió a hacer, debía buscar una salida y volver a su casa.
-        Debo salir de acá – Suspiró
-        No lo creo, majestad, sin vuestra ayuda no sobreviviremos – dijo una voz suave y melodiosa –
Isis se paró y miró curiosa el punto desde donde venía la voz, dio dos pasos y desde atrás del árbol salió un joven alto, de orejas puntiagudas y belleza salvaje. Sus ojos eran enormes y rasgados, entre celeste y plomizo, largos mechones cobrizos caían sobre sus hombros. Le sonrió gentilmente e hizo una reverencia. Isis notó que llevaba una vaina en la cintura. Retrocedió un paso sin quitarle la vista de encima. El joven seguía sonriéndole.
-        No os asustéis, no os haré daño. Soy Fadil, guerrero y elfo del bosque. – Se presentó – Su servidor. – Isis rió y se aclaró la garganta.
-        Yo soy Isis. Así que tú eres el famoso Fadil… – Dijo Isis con un dejo de picardía, que pasó desapercibido para Fadil, quien se rió.
-        Me complace saber que ha oído de mí… Pero no entiendo por qué se ríe  -
-        Detalles, detalles… – Isis le dio la espalda y se cruzó de brazos –
-        Majestad, no deberíais estar acá, el bosque es peligroso si andáis sola. –
-        Sé cuidarme sola – replicó Isis sin siquiera mirarlo – Además no lo estoy, Mahasiah llegará en cualquier momento.
-         Vamos, os acompañaré, yo también debo ir para allá –
-        Está bien, pero no me llames majestad, ¿siempre hablas tan raro?  -
Fadil se perdió entre unos árboles, luego de unos minutos volvió junto a su caballo, una hermosa criatura de cabello café que relinchaba alegre por estar con su dueño. Isis acarició el pelaje del animal, nunca había visto un caballo tan bello.
-        Su divinidad – Isis lo fulminó con la mirada – Montad.
La chica lo miró raro y se subió detrás de Fadil.
-        Invítame algo primero –
-        ¿Ah? –
-        Nada – Sonrió picaronamente la niña.
El caballo avanzó rápidamente. Isis sintió el viento en su cara. Se abrazó a la cintura de Fadil, por alguna extraña razón aquel joven le daba confianza, intento comprobar si sus orejas en verdad eran puntiagudas, pero antes de que lo lograra llegaron al campamento. Había más personas que las que Isis había visto antes.

El elfo ayudó a Isis a bajar y luego amarró el caballo a un árbol. La chica caminó hasta donde estaba Ariadna, la miró fijamente.
Ariadna miraba el cielo. Tenía un tono diferente de azul. No había visto a Yélahiah desde que lo dejó en la carpa, ni tampoco a los otros dos, así que se había sentado bajo un árbol a mirar. Sintió el galope de unos caballos, vio que llegaban cuatro jinetes. Al verla detuvieron sus caballos, se bajaron y le hicieron una reverencia, retomaron su camino, Ariadna los miró confusa. Agitó la cabeza, ¿se estaría volviendo loca? Se fijó en que algunas de las personas que estaban allí tenían las orejas puntiagudas, y que al verla le sonreían o le hacían una reverencia. Al principio le era totalmente incómodo pero luego se acostumbró. Solía responder con un gesto de la cabeza o movía la mano o los ignoraba. Vio llegar otro caballo, pero el jinete no venía solo. Observó como el joven ayudaba a Isis a bajar del caballo. Miró el cielo. Que aburrida estaba. La chica del extraño corte se le acercó y la miró fijamente. Se sentó a su lado y observó el cielo.
-        Qué extraño ¿Qué ves? –
-        El cielo – respondió con indiferencia Ariadna –
-        ¿Sabías que algún día los pajaritos evolucionaran tanto que podrán volar hasta la luna? Sip, si es que no es más lejos. Y sin casco de astronauta–
-        ¿Has estado hablando con Yélahiah? –
-        ¿Quién es Yélahiah? – Ariadna se golpeó la frente.
Lo que en verdad quería saber era porque la llamaban hechicera, la habían llamado bruja antes pero nunca con el mismo respeto ceremonial con el que se dirigían a ella ahora. Aunque prefería no sacar conclusiones apresuradas, pero algo le había llamado la atención de qué todos la trataban de “su majestad, divinidad”, era raro.
-        ¿A ti también te dicen “majestad” y cosas así? –
-        ¡Sí! Recién Fadil me dijo así todo el rato – Contestó entusiasmada Isis-
-        ¿Fadil? – preguntó  divertida Ariadna –
-        Sip,  él me trajo en caballo hasta acá. -
-        ¿Y achunta todas las flechas cómo dicen que hace? –
-        Ay no sé, pero sí lleva una espada y me dijo que montara con él… - Ambas comenzaron a reír – en caballo, obvio  -  Más risas.
Sonó un cuerno. Las dos chicas se levantaron y vieron que los elfos ya no estaban. Mahasiah y Yélahiah salieron de la tienda y se acercaron hacia ellas, indicando que debían adentrarse al bosque y allí encontrarían algunas respuestas. Ambas caminaron junto a los dos jóvenes hacia el bosque. Isis llenaba de preguntas a Mahasiah pero éste se negaba a contestarlas. Ariadna, que ya había renunciado a hacer hablar a Yélahiah sobre cualquier cosa en serio, observaba todo el lugar, para así recordar por donde iban. Yélahiah la había tomado de la mano y era la primera vez que un silencio no lo incomodaba, es más, hasta parecía resultarle agradable.
De pronto aparecieron tres hombres y tres elfos. Se acomodaron alrededor del claro, dejando libre  el centro. Allí apareció un elfo, de apariencia mayor, de ojos oscuros y profundos, su cabello canoso lo llevaba amarrado en una trenza. Mahasiah  le susurró algo a Yélahiah, los cuatro estaban detrás de algunos árboles manteniéndose a distancia del claro. El elfo los observó fijamente. Ambos jóvenes se asomaron dejando a las niñas en donde estaban, los demás se hicieron a un lado, dejándoles pasar. Yélahiah y Mahasiah caminaron hacía el punto donde estaba el elfo, al llegar se inclinaron en una reverencia. El elfo le sonrió.
-        Con regocijo os damos la bienvenida, Mahasiah y Yélahiah. Vuestras noticias son esperadas con ansias. –
-        Gustosos os daremos las buenas nuevas – Dijo Yélahiah – Ariadna la hechicera, nieta de Amelia, está con nosotros.
-        Isis, la hechicera, nieta de Helena, está aquí – Agregó Mahasiah.
Una exclamación de sorpresa se oyó entre los presentes.
-        No nos hagáis esperar más, traedlas. –
Yélahiah caminó hacia donde estaba Ariadna y la tomó de la mano. Mahasiah se acercó a Isis, la tomó de la mano, la chica lo fulminó con la mirada y le reclamó que no quería ir.
-        Confía en mí – le dijo Mahasiah.
Isis lo miró detenidamente y salió de atrás del árbol, caminó hacia el centro seguida por Mahasiah. Ambas al caminar escucharon un sonoro “Oh” entre la multitud de los presentes.
-        Es igual a su abuela –
-        Tiene los mismos ojos –
-        Son guapas – Susurró Fadinhe a su hermano
-        Cállate – le susurró como respuesta
Ariadna se sonrojó levemente y caminó a paso rápido. Isis, en cambio, sonrió y caminó normal hacía el centro del claro. El elfo les sonrió, hizo una reverencia y los demás lo imitaron.
-        Bienvenida Ariadna, hechicera del agua y la tierra. Bienvenida Isis, hechicera del fuego y del aire. No sabéis cuanto tiempo os hemos esperado. Con gozo os recibimos. –
Isis notó que Ariadna estaba igual de confundida que ella.
-        Me presento. Soy Wulfric, cabecilla de las fuerzas de guerreros elfos y humilde servidor de las más grandes hechiceras, Helena y Amelia y fiel servidor vuestro también. – continuó – Ellos – apuntó a los hombres – Son los representantes de los reinos de los hombres. Y aquellos – apuntó a los elfos – son los representantes de los clanes de los elfos.
-        Un momento – interrumpió Isis dando un paso adelante - ¿hechiceras? Debe estar bromeando. Si, suena genial y todo eso pero, ¿al menos me podrían explicar de dónde salió toda esa loca idea de que somos hechiceras y bla bla bla?
Wulfric observó detenidamente a Isis, como buscando las palabras exactas para responderle. Ariadna miraba la escena sin decir nada, aunque no le gustará admitirlo, opinaba lo mismo que Isis. ¿De dónde había salido toda esa historia de que ellas eran hechiceras? No recordaba que sus padres le hubieran dicho algo sobre eso, ¿o sí? “No. no lo hicieron.” Se dijo a sí misma. Mahasiah palideció cuando escuchó a Isis, aunque la entendía, en su lugar también habría preguntado, pero, no habría interrumpido a Wulfric. Yélahiah sonrió, medio avergonzado y medio divertido, esa chica sí que se parecía a Helena. 
-        ¿Y bien? – insistió –
-        Ustedes son parte de la historia de este mundo, al igual que lo han sido generaciones anteriores – respondió el guerrero – Tú has heredado los poderes y dones de Helena, tu abuela. Puedes controlar el fuego y el aire a tu antojo, hacer ilusiones.
Isis pensó que en cualquier momento su madre la despertaría y le diría que llegaría tarde al colegio. Ariadna escuchaba atentamente cada palabra que decía el guerrero.
-        Ariadna, tú has heredado los mismos poderes de Amelia. Controlas el agua y la tierra a tu gusto. Puedes leer la esencia de las cosas o personas.
La trigueña creyó que todo era una mentira,  que de un momento a otro saldría una cámara y uno de sus hermanos diría “¡Cámara indiscreta!”, pero no, no pasó nada de eso. Todos seguían igual de serios, sí que eran buenos actores.
-        Pero, pensemos hipotéticamente que es así, que somos “hechiceras” – dijo Isis haciendo las comillas de la palabra - ¿Por qué no lo sabíamos? ¿Nuestras familias saben? –
-        Si – contestó Mahasiah – ellos lo han sabido todo este tiempo, sabían que llegaría el día en que ustedes tendrían que viajar hasta acá.
La adolescente se sintió desfallecer. Todo este tiempo lo supieron y no se lo dijeron. Ni su abuela, con quien compartió cuando pequeña, al menos una pista hubiera servido. Isis suspiró, trató de calmarse, eran muchas cosas de golpe. En un principio lo había tomado como una broma, pero ahora era en serio. Ariadna miró a Yélahiah quien la observaba como pidiendo disculpas, por lo menos su familia sabía dónde estaba. Ahora todo tenía sentido, por eso las llamaban altezas, realeza y todo eso.
-        O sea – miró a Mahasiah – Mis papás sabían que tu existías, incluso cuando les dije que en mi colegio faltaba un puesto para que te sentaras y ellos me dijeron que no me preocupara. ¡Tú sabes cuánto odio la mentira! – reclamó – Supongo que tú tampoco sabías nada, ¿o sí? – preguntó a Ariadna
-        No, no sabía nada. También me tomó por sorpresa. – contestó – Pero, bueno, ¿y para qué nos necesitan aquí? – Le preguntó a Wulfric.
El elfo sintió como una ola de tranquilidad invadía su mente, aquella chica se parecía a Amelia. Suspiró.
-        Ustedes están aquí para devolver el equilibrio a la magia. Cuando sus abuelas murieron se llevaron consigo la armonía de nuestro mundo, lo cual permitió que el mal ascendiera al poder. Desde entonces hemos esperado la llegada de vosotras para declarar la guerra. Primero debéis aprender el antiguo arte de la magia, controlar sus poderes y así devolver la paz a nuestro mundo. –
-        ¿Dónde aprenderemos todo eso? – preguntó Ariadna –
-        Debéis ir a las montañas. Allí viven tres brujas: Ízar, Circe y Lucis. Ellas os enseñarán todos los secretos que debéis saber. Cuando llegue el momento, uniremos fuerzas con las criaturas que están de nuestro lado. Pero en este viaje no estarán solas, Mahasiah y Yélahiah os acompañarán junto a Fadil, elfo del bosque y el mejor guerrero de nuestro pueblo, que os cuidará.
Fadil se abrió paso e hizo una reverencia, ignorando el bufido de su hermana. Observó fijamente a Ariadna y luego volvió su vista a Wulfric. Isis notó el leve sonrojo en el elfo y no pudo evitar que una pequeña sonrisa cruzara su rostro. Wulfric, quien notó lo mismo que Isis, endureció su expresión y le explicó a Fadil donde debía llevar a las hechiceras.
-        Será un placer – dijo el elfo –
-        Os dejo a cargo de Fadil. Él sabe a dónde debéis ir y como podéis llegar. Pronto nos volveremos a ver.
El elfo desapareció junto a la comitiva. El silencio volvió al bosque. Ariadna observó el lugar, se sentía tanta paz. Fadil se acercó y saludó a Mahasiah y Yélahiah, como si fueran antiguos amigos. Ariadna e Isis cruzaron miradas.
-        Él sabe usar la espada… - Susurró Isis a Ariadna –
-        Cállate – Le respondió en un susurro.
-        Fadil, ellas son Isis y Ariadna - Dijo Mahasiah.
Fadil sonrió a Isis, quien se la devolvió y miró fugazmente a Ariadna. El elfo saludó con una reverencia a la trigueña. Ariadna lo observó cómo evaluando la situación, así que solo levantó una ceja mientras miraba a  Yélahiah, quien se dio cuenta y miró fijamente a la chica, “Aquí pasa algo – pensó -  y yo lo quiero saber”. Mahasiah sonrió y les indicó que era mejor volver al campamento, no tenían nada más que hacer allí.
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-        Yo creo que – comenzó Isis – todos ustedes están locos.
Ariadna la miró indiferente. Yélahiah sonrió y se sentó al lado de ella.
-        No estamos locos, es solo que de a poco comenzarás a entender nuestro mundo, y por qué las necesitamos aquí. –
-        Pero, aun no entiendo por qué ¿Qué pasó después de que murió mi abuela? Digo, ¿nuestras abuelas? – Preguntó Ariadna.
Mahasiah y Yélahiah miraron a Fadil esperando una respuesta, mientras éste pensaba en que decir. Isis se cruzó de brazos y salió de la tienda, Ariadna la observó sin entender a donde iba.
-        ¿Por qué siempre se va? – preguntó la chica.
-        No le gusta estar en un mismo lugar mucho tiempo – contestó Mahasiah.
-        Entonces, ¿qué pasó? – volvió a preguntar – Nos deben una explicación.
-        Es complicado… y doloroso de explicar – Comenzó Fadil – No es que no quiera contaros, pero no es agradable de recordar –
-        Tú tampoco eres agradable – Le dijo Fadinhe a su hermano, quien la miró sin comprender.
-        ¿Y por qué hablas así? – preguntó Ariadna, ignorando el comentario de la elfa. El elfo la miró confundido – ¿”contaros”? – Fadil sonrió.
-        Así me enseñaron a hablar delante de su majestad – contestó.
-        “Delante de su majestad” – Imitó Fadinhe burlescamente, mirándolo como diciendo “eres un idiota y te odio” – Sin ofender – Dijo mirando a Ariadna.
-        Habla normal, y explícame – Exigió la chica.


2 comentarios:

  1. Fadinhe fue una sorpresa me cayó re bien =D (es la cuñis~)
    Y me reí la mayor parte del capítulo XD me encanta el humor que usan
    Saludines desde el desierto!

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  2. el sabe usar la espada e invito a Isis a montar... xDDDD

    quiero un Fadil para mi por favor ajjajajjajaj

    estoy amando la historia
    estoy super enganchada!!

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