Isis salió de la tienda y caminó por el borde del bosque, comenzando a maravillarse con lo que veía. Todo el paisaje era hermoso, desde el pequeño hongo hasta los enormes árboles que la rodeaban. Comenzó a adentrarse en el bosque sin darse cuenta de que comenzaba a oscurecer, caminaba sumergida en sus pensamientos, entre preguntas sin respuestas. De repente sintió que alguien estaba cerca, se detuvo de golpe y buscó con la mirada. Comenzó a notar que estaba más lejos de lo que creía, trató de recordar el camino de regreso pero entendió que se había perdido.
- Solo a mí se me ocurre la genial idea de ir a caminar por un bosque que no conozco ¡Yo y mi sentido de orientación! – Reclamó mientras se daba la vuelta para devolverse, o intentarlo. – a ver… ¿me vine derecho o me vine dando vueltas…? – Isis sintió que alguien la observaba, se detuvo a tratar de descubrir quién era - ¿Mahasiah, eres tú? ¿Fadil? ¿amigo de la niña que también estaba en la tienda? ¿niña de la tienda? ¿Hermana de Fadil? –la muchacha siguió caminando ya sin darle importancia a la sensación extraña - ¿no? ¿nadie? ¡Arg! me carga que la gente se esconda…
- ¿Estás segura de que no quieres saber lo que ha pasado aquí desde que tu abuela se fue? – preguntó Yélahiah.
- Lo que quiero es que dejes de abrazarme a cada rato, no soy un peluche, y el que en verdad quiere saber eres tú así que no importa si no quiero saber, de todas formas me voy a enterar… - Replicó Ariadna tratando de soltarse del joven.
- Bien, os contare… pero ¿no sentís que hace falta alguien? Me atrevo a decir que no se encuentra presente su majestad Isis – Dijo Fadil recibiendo como respuesta un bufido de su hermana.
- ¡Isis! – exclamó Mahasiah - ¿por qué no me dijiste que Isis no estaba? – le recriminó a su amigo.
- ¡Porque yo estaba cuidando de MI protegida! – respondió Yélahiah.
- ¡No me grites en el oído! ¡Y suéltame que te golpeo! – Ariadna se separó –por fin- del abrazo de su amigo.
- ¡Suficiente! Vamos a buscarla, usted majestad quédese con Yélahiah – Le dijo Fadil a la chica –
- No soy inútil, puedo salir a buscarla –
- No, prefiero que se quede aquí. Mahasiah, vamos. –
- ¿Y tú de qué te ríes? – Preguntó Mahasiah sin siquiera mirar a la chica que se reía a su espalda, luego se dio vuelta y la miró fijamente - ¡¿DÓNDE TE HABÍAS METIDO?! Si te hubiera pasado algo sería culpa de Fadil –
- ¡Sí, mi culpa! Majestad, si algo os hubiera sucedido no sé qué habría sido de mi – dijo el elfo.
- Yo sí sé que habría sido de mí, habría sido feliz – Comentó Fadinhe mirando despectivamente a su hermano.
- Ya puedes dejar de hablar así – Dijo Yélahiah –
- No, no puedo – lamentó Fadil bajando la mirada – Y tú ándate a cocinar – Dijo a su hermana, quien le sacó la lengua y se quedó al lado de ambas hechiceras.
- Son raros – comentó Ariadna mientras salía de la tienda.
- ¿Y tú dónde vas? – preguntó preocupado el trigueño.
- A perderme – respondió.
- ¿Y por qué no hacen tanto escándalo cuando ella sale y conmigo sí? No es justo. – Reclamó Isis quien se amurró y pasó de largo hasta su hamaca – Buenas noches.
_______________________________________________________________________________
_______________________________________________________________________________
- Son solo unas niñas, señor – Informó el jefe del escuadrón de espías – No tendrán más de diecisiete años, nada de qué preocuparse. Ni siquiera están entrenadas. Pero sabemos que las acompañan un escuadrón de seis elfos comandados por Fadil, ese elfo que nos ha causado tantos problemas. Si usted nos da la orden, nosotros nos podemos encargar fácilmente de ellas. –
- No seas ingenuo, los poderes de las hechiceras se activan cuando están en peligro. Ni cien de tus hombres podrían con los poderes desatados de ambas. Debe ser una por una. Busca a la descendiente de Amelia, empezaremos por ella, esa rama siempre ha sido más firme. Ahora retírate.
- Sí, señor. –
El peso que sentía en su pecho se alivianó, por fin podría cobrar venganza. “Sólo unas niñas-pensó- Sin entrenamiento, sin preparación, sin saber a qué se enfrentan. Podría encargarme de ellas yo mismo sin problemas. Esperaba un desafío mayor.” Con ese pensamiento el collar en su pecho se volvió un poco más pesado.
- Tienes que comer –
- No quiero. –
- Isis, tienes que comer algo –
- No quiero – Respondió usando el mismo tono que Mahasiah.
- Isis, tuviste un viaje interdimensional, tienes que salir y comer algo –
- No voy a salir –
- Entonces yo te saco – Y dicho esto, Mahasiah la tomó en brazos, la cargó en un hombro y la saco de la tienda. La sentó en un tronco cerca del fuego y le pasó un plato con comida – Y te lo comes todo o te lo doy en la boca.
- Bueno, papá – dijo con sorna –
- ¡Por Dios! ¿Quieres soltarme? – Exclamó Ariadna –
- Es que nunca te había tocado y quería saber cómo te sentías. – Explicó apenado el joven.
- Si no me sueltas, no puedo comer ¡Suéltame, violas mi espacio personal! –
- ¡Ja ja! ¡Te violan tu espacio personal! – Se burló la otra chica y recibió un trozo de pan en su frente. Miró sorprendida a Mahasiah – Es violenta ¡No puedo estar con una persona violenta! Soy muy linda y torpe – Recibió otro trozo de pan en la frente. Isis ahogó una exclamación y comenzó a comer mientras botaba lo que no le gustaba.
- ¿Por qué a la hechicera no le gusta mi comida? – Preguntó Fadinhe al ver como la niña botaba casi la mitad del plato. Fadil la miró maliciosamente.
- A nadie le gusta tu comida – Dijo a su hermana y sonrió –
- Lo que pasa es que aún no aprende a comer – Agregó Ariadna despectivamente sin mirar a la otra niña.
- Te gusta molestar a la gente… - comentó Yélahiah, mientras comía.
- Es uno de los más grandes placeres de la vida, después viene comer chocolate… Hablando de comer ¿Cómo es que aquí comes, pero en la tierra nunca te vi probar un bocado?
- Mmm, no sé, nunca sentimos hambre. – respondió pensativamente
- Ni ganas de ir al baño. – agregó Mahasiah
- Y si nos caíamos de un cuarto piso seguíamos vivos, no sentíamos dolor. Éramos espitirus – todos lo miraron raro, como diciendo “¿Qué?”
- Quiso decir espíritus – aclaró Ariadna a lo que le siguió un “¡aaah!” general.
- Y dicen que yo hablo raro. Pongámonos serios, mañana debemos despertarnos temprano porque el viaje es largo y debemos llegar lo antes posible con las brujas.
- Yo no quiero ir a ver a esas brujas ¿Por qué tenemos que ir con esas brujas? – preguntó Isis
- Porque sí –respondió Mahasiah esquivando la mirada de la niña, quien ahogó un grito.
- ¡Tú tienes algo con alguna de esas brujas! ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¡Eres tan injusto! ¡Me hablabas de honestidad, pero nunca me dijiste que tenías un romance a mis espaldas! Eres muy malo.- Mahasiah enrojeció hasta las orejas y evitó contestarle a su protegida.
- ¡Sabía que tenías algo con Lucis! ¡Yo lo sabía! – Gritó Yélahiah soltando por un momento a Ariadna, quien aprovechó de escapar, y señaló a su amigo con un dedo inquisidor –
- ¿Con Lucis, en serio? Nunca me lo habría imaginado, con razón nunca aceptó mis ofertas. – Fadil miró pensativamente a Mahasiah, quien lo miraba con odio – No debería hablar de esto frente a mis majestades – Susurró mientras se tapaba la boca.
- Ella no aceptó tus ofertas porque eres feo – Le dijo Fadinhe a su hermano, logrando las carcajadas de Ariadna. Isis los miró divertida.
- Fadil, continúa, por favor – Dijo Daltar, uno de los elfos que los acompañarían en el viaje, evitando que comenzaran a discutir. –
- Cierto, como iba diciendo. Con ellas entrenaran en las artes de la magia y nosotros – apuntó a los demás elfos – les enseñaremos a utilizar la espada y el arco.
- Ah verdad que tú siempre le achuntas – Agregó Isis mirando sonriente al elfo, quien no entendió. Ariadna seguía riéndose.
Isis miró sorprendida al elfo luego de procesar la última frase y comenzó a reír histéricamente mientras retorcía sus dedos nerviosamente. Se levantó y caminó de un lado a otro sin parar de reír.
- No, no ¿Cómo que espada? ¿Y un arco? No. No. No ¿Cómo que magia? Esto suena muy loco, esto no es real. Ustedes son producto de un sueño, de mi imaginación. De-de… Tengo miedo – soltó otra carcajada nerviosa y se desplomó en el suelo riendo, Mahasiah se acercó a ella - ¡No te me acerques! Tu-tu-tú no puedes ser real no puede ser que te toque. – La chica se comenzó a alejarse de él mientras miraba las orejas de los elfos – Todos ustedes no son reales, no puede ser que tengan esas orejas ¡Sáquenselas! – Gritó mientras se lanzaba encima de Daltar y comenzaba a tirarle las orejas - ¡¿POR QUÉ NO SE SALEN?! – Mahasiah la tomó por la cintura, la alejó del elfo, quien se sobaba sus orejas, y trató de tranquilizarla.
- Ya, tranquila. Respira, relájate. Ya, ya, cálmate – Dijo mientras acariciaba el cabello de la chica, quien seguía riéndose histéricamente – Isis, todo va a estar bien, no voy a dejar que nada te pase. –
- ¡No te creo! Sé que llegaremos donde las brujas y me vas a abandonar por esa tal… tal, ¡Luciérnaga no sé qué! Quiero irme a mi casa – gimió mientras hacía pucheros. Fadil la miró apenado, se acercó para hablarle pero se tropezó y cayó en los pies de Fadinhe, quien aprovechó de darle un puntapié en la frente. Isis lo vio y comenzó a reír, normalmente. –
- ¿Y eres el mejor guerrero? – preguntó Ariadna – Quiero volver, no me siento segura con un guerrero que se cae porque una niña se ríe, no me siento segura, no. Volvamos. – Le dijo a Yélahiah.
- Está bien, pero yo no sé cómo volver. Y si supiera, no podría. Me matarían, por traidor. – Le respondió el trigueño –
- Entonces te usaré de escudo humano –
- Está bien. –
Isis se levantó. Había dormido abrazada a Mahasiah ya que fue la única forma que él había hallado para tranquilizarla. Vio que Yélahiah seguía durmiendo en el suelo, junto a la hamaca de Ariadna, quien dormía plácidamente. Salió de la tienda y la brillante luz del sol le llegó de frente, cegándola por unos minutos.
- Me obligan a estar en este lugar y ni siquiera pude traer mis lentes –
- No seas tan quejona – escuchó una divertida voz masculina – Eres igual a tu abuela, incluso en eso. – La chica lo miró de reojo - ¿En serio nunca contaron algo sobre Ziadeh? –
- No – contestó a Yélahiah mientras observaba a los elfos que se habían levantado con el primer rayo de luz a ordenar todo y practicar con sus armas - ¿Qué es Ziadeh? ¿En serio tengo que aprender a usar la espada y el arco y las flechas y todo eso? Porque, la verdad, nunca fui buena en ningún deporte y eso que me mandaron a clases de defensa persona… – pensó por unos segundos – Puedo dar volteretas y pararme en dos manos. Eso es todo lo que sé, ¿me sirve de algo? ¡Ah, sí! También puedo trepar a los árboles rápidamente y gritar y correr. Ah y no puedo saltar la cuerda.
Yélahiah la miró divertido. Le llamó la atención que la chica fuera casi de su altura, apenas por unos centímetros más baja, y que no luciera tan tranquila, a diferencia de Ariadna, que por su pasividad se acomodaba a cualquier situación y había logrado relajarse desde el primer momento, sin quejarse demasiado. Definitivamente eran muy distintas.
Pensó en qué podía contestarle, pero Mahasiah los interrumpió.
- ¡Hey, cuidado que ella es mi protegida! – Dijo el joven desde la hamaca, mientras comenzaba a levantarse –
- No es mi culpa que me prefiera. Asúmelo, Mahasiah, siempre he sido más guapo que tú, todas me prefieren – Contestó el trigueño provocando la risa de la chica – Isis ¿Quién es más divertido, el aburrido de allá adentro o yo? –
- Mmm… - pensó por unos segundos – Prefiero a los elfos –
- ¡Gracias, majestad! – Gritaron a coro los elfos –
- ¡Dejen de gritar, hay gente que intenta dormir! – Gruñó Ariadna mientras se tapaba hasta las orejas con sus mantas –
- Levántate, majestad dormilona, creo que ya tenemos que partir – intentó despertarla Yélahiah, aunque sabía que era inútil.
- Majestad – Saludó Fadil a Isis – Yélahiah, Mahasiah – Ambos le hicieron un gesto con la cabeza – En media hora partiremos, tomen desayuno, hagan lo que deban hacer y nos vamos ¿Su majestad Ariadna se encuentra bien? – Preguntó mirando detrás de Yélahiah.
- Sí, está bien. Sólo quiere dormir un poco, yo la despertaré, no te preocupes. – Contestó el trigueño interponiéndose entre el elfo y la tienda –
- No quiero tomar desayuno, no tengo hambre – Le dijo Isis a Mahasiah –
- ¡¿Por qué no quiere comer lo que yo cocino?! – Le preguntó Fadinhe a su hermano, quien la miró confundido.
- ¿De dónde sales tú? –
- Estoy en todos lados – Respondió, apretando su cuchara de palo, sin dejar de mirar a la hechicera que dejaba el plato en el suelo.
- Entonces practica algo con los elfos, que ellos te den una espada o un arco o lo que sea y ve qué puedes hacer – Dijo Mahasiah, entrando a la carpa.
Yélahiah se encogió de hombros y lo siguió. La chica se dio media vuelta y se encontró con Fadil, quien la esperaba expectante; Isis fijó su vista de inmediato en la espada que el elfo llevaba en su mano.
- ¿Para qué es eso? – preguntó, pensando en alguna excusa – Yo prefiero la cuchara de palo.
- Para que practique, majestad, su abuela era la mejor con la espada. Vamos, yo le enseñaré – Contestó llevándola hasta el centro del campamento – Tome la espada por la empuñadura –
Ariadna no pudo seguir durmiendo a pesar de haberles gritado que se callaran, normalmente cuando gritaba algo, cosa que no era muy común, le hacían caso, pero seguía habiendo ruido y ya se le había quitado el sueño.
Se levantó y vio a Yélahiah dándole la espalda conversando con Mahasiah mientras miraban hacia el centro del campamento. Se vistió rápidamente y se les unió, solo por hacer algo. Al llegar, el trigueño la abrazó cariñosamente. Ya estaba cansada de tanto afecto. “Lo prefería invisible e intocable” Pensó mientras lo corría. Se fijó en la chica que tomaba torpemente una espada y trataba de levantarla.
- ¿Te das cuenta de que esa es una de las razones por las que no me habría enojado contigo si me despiertas? – le preguntó a Mahasiah – ¿por qué la entrenan a ella y no a mí?
- Porque extrañamente, ella se despertó temprano – Contestó el joven sin dejar de mirar a su protegida – Creo que la espada no es lo suyo, debería practicar con el arco –
- Qué extraño – comentó Yélahiah – Su abuela era experta con la espada-
- Pero son personas diferentes, con distintas capacidades. Ariadna, inténtalo tú – La chica miró al joven de ojos azules – Ve. –
La trigueña caminó hacia donde estaba la chica junto al elfo. Miró como él ayudaba a la chica a tomar y a mover la espada, no era difícil. Observó detalladamente los movimientos que hacía Fadil con el arma, corrección era fácil.
- Lo voy a intentar –
- Claro, majestad, le conseguiré otra espada ¡Gorio, necesito otra espada! – Como respuesta del otro elfo, recibió una espada – Aquí está, majestad. La debe tomar por la empuñadura – indicó entregándosela – Inténtelo. –
- No, si la voy a tomar por el filo- dijo molesta la chica, aunque no era extraño, a Ariadna muchas cosas le molestaban.
- ¿Qué apostamos a que le resulta antes que a Isis? – preguntó Yélahiah a su amigo, quien observaba la escena divertido –
- Yo estoy de acuerdo contigo, así que no creo que me convenga apostar en tu contra – contestó Mahasiah.
- Eres un mal protector, deberías defenderla y apoyarla – apuntó el trigueño –
- Eso hago, solo que soy realista. Si ella no quiere, no lo va a hacer. Fíjate en su rostro, está incómoda, incluso molesta – Ambos miraron el rostro de la chica, notando que había un dejo de indiferencia hacia el elfo y su espada - ¿Ves?
Isis miró como a su compañera le resultaba a la perfección todo lo que el elfo le había intentado enseñar, se sorprendió que con Ariadna se viera tan fácil. Aun así no quería aprender a usarla, lo encontraba tonto ¿Si podía usar magia –supuestamente- para qué aprender a utilizar armas? No tenía sentido. “¿Para qué me sirve la magia, entonces?” pensó sin dejar de mirar a Fadil y a la chica. Comenzó a alejarse despacio de ellos, para pasar desapercibida, pero cuando se dio media vuelta –pensando que no se habían dado cuenta- se encontró de frente con uno de los elfos y rápidamente fijó su vista en el arco y las flechas que llevaba en sus manos. “¡Mentira que ahora quieren que intente con el arco!” Pensó, bajando la mirada.
- Majestad, no crea que puede correrse tan fácilmente. A pesar de que no resultó con la espada, debe aprender a usar el arco. La ayudará a defenderse – Dijo Fadil acercándose a ella –
- ¿Defenderme de qué? - preguntó a Gorio - Nadie dijo nada sobre defenderme ¿hay malos? Nadie me dijo nada de los malos ¿Quiénes son los malos? – Preguntó Isis tomando el arco como le enseñaba el elfo – En serio, no puedo hacer esto, tengo muy mala puntería y no tengo nada de fuerza. –
- Majestad, inténtelo. – Dijo Gorio.
- No me va a resultar – insistió sin dejar de seguir las instrucciones de Gorio - ¿Así? – Apuntó a un árbol – No me va a resultar – amenazó. Lanzó la flecha y cayó en el centro del árbol. Miró sorprendida la flecha – Mira, me resultó. – le sonrió al elfo y saludó a Mahasiah, quien no dejaba de sonreír.
- No es tan mala, después de todo – comentó divertido Yélahiah – Ariadna sigue peleando con la espada. –suspiró- Yo sabía que lo de la espada no era buena idea, ahora no se quedará tranquila hasta que la maneje a la perfección, o mejor. Odio que sea tan perfeccionista – refunfuñó el trigueño –
- Déjala tranquila, si a ella le gusta lo que hace, genial. Que sea feliz con su espada, con tal de que no comiencen a pelear entre ellas, todo bien – Comentó Mahasiah mientras veía como cada una practicaba por su lado – Oh, no. Esto no terminará bien… -
Mientras Ariadna seguía practicando junto a Fadil. Isis continuaba lanzando flechas a distintos puntos y así mejorar su puntería, pero de repente –y sin que nadie, excepto Mahasiah, lo premeditara – una flecha lanzada hacia el cielo cayó entre el elfo y la trigueña, interrumpiendo su práctica. Ariadna se detuvo, fijó su vista en la flecha y luego miró a Isis, quien le sonreía como pidiendo disculpas. El elfo notó que los ojos de la chica tomaban un tono esmeralda.
- Lo siento – dijo Isis acercándose a ellos – De verdad, fue sin querer. Jamás les habría tirado una flecha a propósito, en serio. ¿Tus ojos no eran pardos? Como sea, perdón. – La chica miró a Ariadna esperando una respuesta, pero ella solo se dio media vuelta dándole la espalda y levantó la espada para seguir practicando. - ¿Eso es todo? – Preguntó sorprendida y se puso delante de ella - ¿En serio? ¿Ni un “no te preocupes” o un “Fíjate para la próxima”? – La chica bajó la espada y miró molesta a Isis –
- Estorbas – indicó con tono molesto – Vete con tu arco a otra parte, estoy tratando de practicar.
Isis la miró enojada y salió del medio. Caminó cinco pasos y se dio media vuelta.
- ¡Antipática! – le gritó, tiró el arco y las flechas al suelo y volvió al interior de la tienda.
Ariadna la miró de soslayo, no era la primera vez que le decían así, ya ni le importaba. Levantó la espada y con un gesto le indicó a Fadil que siguieran practicando, el elfo la miró sorprendido; no se había imaginado que las hechiceras serían así.
Mahasiah frunció el ceño al ver acercarse a Isis, trató de hablarle pero la chica paso de largo sin siquiera mirarlo. Yélahiah negó con la cabeza “siempre hace lo mismo –pensó- un poco de tolerancia no le haría mal a nadie”.
- Oye “miss simpatía” ¿no crees que, no sé, se te pasó la mano con lo “profesional”? - Ariadna detuvo la espada antes de terminar la estocada y lo miro como diciendo “¿y ahora qué?” - yo creo que deberías disculparte… o disculparla... o algo así. - la niña lo miraba, Yélahiah siempre se ponía nervioso cuando la niña lo miraba así de fijo, esta vez le dio miedo.
- ¿Desde cuándo te he hecho caso en algo Yélahiah?-
- Mmm... ¿nunca? -
- Sip... así que ahora no va a ser la excepción, y no creo que sea conveniente que me obligues a hacer algo si tengo una espada a mano... – Fadil, que seguía ahí, rió nervioso y el muchacho se puso pálido hasta que la niña comenzó a reír – deberías ver tu cara, es igual a la que ponen mis hermanos cuando me ven con el cartonero. – Rió en voz alta.
En la carpa a Mahasiah le recorrió un escalofrío por la espalda, la actitud de esa niña daba miedo. La vio soltar un suspiro de aburrimiento y dejar la espada de palo en el suelo para sentarse a comer el austero desayuno que le ofrecieron los elfos. Se acercó a los elfos, sabía que, tarde o temprano, por curiosidad, Isis se le uniría. Mahasiah se sentó junto a Yélahiah, quien se corrió para dejar entre ellos a Ariadna. La muchacha los miró, primero a uno, después al otro y luego repitió la operación.
- ¿Se puede saber por qué son iguales a nosotras? - los dos muchachos se miraron – Yo pensé que tú eras como yo porque eran producto de mi imaginación, pero tú – dijo refiriéndose a el moreno – Bueno, nunca te había visto antes.
- Lo que pasa - respondió el aludido – es que nosotros no somos de la misma, ¿cómo decirlo? Raza que ustedes.
- ¿Ah no? - preguntó una vocecilla infantil que sobresaltó a los tres. - Entonces ¿qué eres? - preguntó Isis, mientras Ariadna la miraba con odio mal contenido. - Deja de mirarme así, supéralo. – le comentó a la morena sin prestarle mucha atención -
- Sí, mira en este lugar hay más de una raza de seres pensantes. - continuó el muchacho – están los elfos, como Fadil – quien acababa de incorporarse a la conversación –
- ¡Y Fadinhe! – Agregó la elfa, mientras pasaba -
- … Y los humanos normales, que son, bueno, son normales; los enanos, pero no hemos visto a ninguno… - Continuó Mahasiah.
- ¡¿Son como los del “Señor de los anillos”?! – Interrumpió, asustada, Isis.
- No... - respondió Mahasiah comenzando a perder la paciencia, una por las interrupciones, otra por la estruendosa risa de su amigo – Son como más de tierra, como si los hubieran esculpido de una roca... -
- O sea como los Moai. - Volvió a interrumpir la niña. Otra carcajada de Yélahiah se dejó oír.
- ¡No! – gritó enojado
- Pero ¿cómo sabes que no son como los Moai si no has visto a ninguno nunca en toda tu vida? – Insistió la chica, acabando con la paciencia del joven – Mahasiah, no sabes nada. Mejor sigue con eso de por qué son iguales a nosotras.
- Entonces – Dijo retomando el tema - Están los enanos ¡QUE NADIE SABE COMO SON! - dijo antes de que lo interrumpieran – los Hechiceros, como ustedes y Adrik. Los centauros ¡Y sí, tienen trasero de caballo! – Dijo Mahasiah al ver que Isis abría la boca para acotar algo. Luego cerró su boca y lo dejó continuar - y nosotros, que somos los Ogleda, que es plural de ogled.
- Un Ogled es un protector – continuó Yélahiah, que se las había arreglado para abrazar a Ariadna, de modo que no se lanzara encima de la otra chica, quien la seguía ignorando. – y a los siete años de haber nacido, a un ogled se le asigna una persona con quien estará ligado hasta que esa persona ya no dependa de sus cuidados. Normalmente se nos asignan príncipes o princesas, o algún aristócrata importante, pero a los más capaces, ¡como nosotros! - exclamó apuntándose a sí mismo y a su amigo – se nos asignan personas muy poderosas, que no saben cuan poderosas son, por lo que se ponen en peligro a ellas mismas, ustedes, y a la gente que las rodea.
- Eso no explica por qué son iguales a nosotras... - reclamó Ariadna
- Lo que pasa es que como nos criamos con ustedes, nos criamos a su semejanza, para que no se sientan desconfiados de nosotros cuando son pequeños y también a su equilibrio, por eso tenemos personalidades contrarias a ustedes, porque las estabilizamos y evitamos que sus poderes se salgan de control y las perjudiquen. Somos como un espejo de ustedes, nacemos como unos seres neutrales y vamos tomando forma a medida que ustedes van creciendo y forjando una personalidad. Nosotros forjamos la contraria, pero complementaria.
- Espera, espera, déjame ver si entendí - lo interrumpió muy seria Isis - ¿ustedes tienen siete años más que nosotras? ¿ustedes tienen veintiuno? ¡no es justo! y yo que creía que era mayor que tú. Y tú ¿cuántos años tienes? - apuntó a Fadil, que miraba un poco molesto la cercanía con que Yélahiah trataba a Ariadna.
- ¿Eh? ¿yo? Yo tengo diecinueve años, alteza –
- Yo tengo dieciocho – Agregó Fadinhe pasando de vuelta, dejándole una cacerola a su hermano – Cómete las sobras – Fadil la miró enojado, nuevamente.
- ¡No se vale! ¡Yo no quiero ser la más chica de aquí! -
- Espera, ¿dices que tienes diecinueve? - preguntó Ariadna, el elfo asintió con la cabeza – ¿y que eres así como “el mejor guerrero de tu tribu”? - el elfo hizo una mueca con la cabeza de “más o menos”
- Más bien de toda la comunidad élfica. - respondió con orgullo.
- “Más bien de toda la comunidad élfica” – Imitó con sorna su hermana a Fadil.
- ¿Y cómo entonces eres tan torpe? - preguntó la trigueña, Fadinhe, Mahasiah y Yélahiah comenzaron a reír, la primera y el último rieron tanto que ambos perdieron el equilibrio y Yélahiah cayó del tronco donde estaba sentado con la niña encima.- ¡¿me quieres soltar?!
- A todo esto – Dijo Isis mirando de soslayo a la morena que volvía a sentarse en el tronco - ¿Quién es Adrik? ¿Por qué tenemos que pelear con él? ¿Han tratado de dialogar? A mi parecer una buena conversación soluciona las cosas y si le agregas una linda sonrisa, mejor. Apuesto que nadie ha intentado hablar con él. Quizás solo necesita salir de este lugar tan deprimente y ya no será malvado, ¿por qué es malvado? ¿alguien se ha preocupado de eso? Nadie, todos piensan que peleando se solucionan las cosas. No, no, no… – Todos la miraron sorprendidos, hasta los elfos que no habían prestado mucha atención a la conversación se quedaron de una pieza cuando “su alteza” finalizó. - ¿Por qué me miran así? –
- Isis, es más complicado de lo que parece – Dijo Mahasiah.
- ¿A qué te refieres? Nadie me explica, y si no lo hacen, entonces no me importa qué es lo que pueda pasar acá. Además ¿Quién realmente dice que nosotros somos los buenos, y ese tal Adri no sé qué es el malo? –
- Buena pregunta, majestad, pero la diferencia entre él y nosotros, es que nosotros no arrasamos pueblos enteros. – intentó explicar Daltar
- ¡Ya! ¿no deberíamos comenzar a movernos? - le interrumpió Mahasiah – tenemos que llegar a donde las hechiceras lo antes posible. Y así ya no te molestaremos tanto con eso de aprender a usar las armas… - le comentó a Isis.
- La única razón por la que quiere llegar rápido donde las hechiceras es para ver a Lucis… - murmuró Yélahiah a Ariadna en un tono no muy discreto que hizo reír a Fadil.
- ¡Ah claro! ¡Así que si me vas a dejar por esa tal Lucero! - Le reprochó Isis cruzándose de brazos mientras Ariadna al fin lograba zafarse del abrazo de su amigo y, para no volver a caer en él, empujó a Fadil, exigiendo que le enseñara a manejar la espada.
- Necesito que me alejes de él – Le dijo la chica en un susurro – No es que me moleste que me quiera pero es... - pensó por un segundo – Demasiado amor. - Fadil la miró divertido, sin estar seguro de si es que estaba bien que se riera o no.
- Ahora tú también me dejas por otra, elfo traicionero – le recriminó Isis a Fadil por dejarla hablando sola.
- ¿Usted también quiere entrenar con la espada, majestad? - preguntó el elfo complacido por el interés de la niña en entrenarse.
- Te lo puedes quedar - le dijo a Ariadna, mientras se hacia la desentendida con Fadil.
- Tú eres rara – afirmó Ariadna fijándose realmente por primera vez en ella.
- Pero, majestad, usted puede practicar con el arco – Insistió el elfo -
- ¡Para de tratarme de “usted”! No tengo cincuenta años como mi mamá, ¡O sea! – Refunfuñó Isis. “Oh, no puede ser tan tonta” pensó Ariadna -
- Isis, no puedes hablar así de tu madre – Regañó Mahasiah, recordándole a la chica como era su papá -
- ¡Ay, cht! - Respondió la chica juntando los dedos de una mano.
- ¡Ya te he dicho que no me chites! - El joven la zamarreó por los hombros, dejándola mareada -
- Se me olvidó que ahora me puedes tocar – Lamentó cerrando los ojos. –
______________________________________________________________________________
Kulfen entró a la fortaleza, las sombras reptaban desde los muros de piedra hasta el suelo como si estuvieran arrastrándose tras él, siguiendo su camino en un silencio asfixiante. Bajó las estrechas escaleras de piedra pulida y caminó por el mal alumbrado pasillo. Se detuvo ante un par de puertas de ébano, dos veces más altas que él, y dio tres golpes con la manija de plata, luego entró.
Al entrar en la habitación, sumida en la más completa oscuridad, pudo sentir aquella conocida pero no menos terrible presencia, con la cabeza gacha rompió el asfixiante silencio.
- Señor, nuestro espía ha localizado el campamento de las hechiceras. Se encuentra a trece días de distancia, podemos comenzar el movimiento de captura en el momento en que usted lo ordene. –
- Aún no. Quiero que las estudien a ellas y a los elfos. Necesito un informe de cuantos guerreros las acompañan y cuán bien entrenados están, también de sus avances en entrenamiento todos los días. Debemos sabe contra qué nos enfrentamos. Y recuerda, si por algún desafortunado – dijo Adrik con una amenaza escondida en la última frase – incidente se llegan a enfrentar a las hechiceras, maten a la nieta de Amelia.
- Sí, señor. –
Kulfen hizo una reverencia y salió de la habitación cuidando no darle la espalda a su señor.
Isis y Fadhine se llevan los premios a las más graciosas, la parte de la descripción de las razas me mató XD
ResponderEliminarY el final deja el enganche preciso ;)